SOBRE SER UN NÚMERO

Ing. Jhonnathan Hernández Bautista


El concepto de “ser empleado” cuenta con muchos matices.

Por un lado, podemos abordar el tema desde la perspectiva de oportunidad, tomando estos años de entrenamiento para posteriormente emprender en la industria por cuenta propia; por el otro, y de forma menos optimista, podemos enlistar todas las situaciones complicadas e inherentes a la colaboración diaria dentro de un grupo de personas.

Hay de dos sopas: por un tiempo definido rentas tus servicios como un intercambio de valor entre un empleador y tú, mientras te enriqueces de experiencia, o te quedas por siempre en el mismo lugar mientras te quejas (como la mayoría) de que tu esfuerzo diario solo sirve para llenarle los bolsillos a los dueños de la empresa.

Aquí no vengo a quejarme, pero sí hay que hablar "al chile".

Hace no mucho, uno de mis mejores amigos (y antiguo jefe) me llamó la atención al enterarse de que en mi trabajo no me está yendo increíble y no estoy buscando activamente otro empleo.

-Bro. Para ellos, nosotros somos sólo números. En la primera oportunidad te van a correr con una patada en el trasero…

Por supuesto que me sentí mal. Él es una persona que yo valoro y admiro muchísimo. Su opinión siempre valdrá para mí.

Además, con años de ventaja en este mundillo, algo ha de saber. Algo que yo todavía no puedo ver con claridad.

Así que analicé mi contexto: La obra en la que trabajo está en la etapa de cierre y entregas, por lo que la actividad afuera de la caseta ha disminuido al grado de que, de cien obreros ahora solo hay un par de cuadrillas cerrando detalles. Y así, lo mismo pasará eventualmente con los pendientes administrativos.

Considerándome como “elemento clave” que vivió la obra desde su origen y a la vez vio pasar a diferentes colegas a lo largo de año y medio, mi lógica me dice que lo único que me mantiene con vida en esta historia es la entrega de la última carpeta a nuestro cliente.

He de confesar que, a lo largo de esta aventura, he recibido diversas ofertas laborales que decidí rechazar por el sentido de profesionalidad, lealtad y responsabilidad para con el proyecto y con la persona que me dio la oportunidad de formar parte de su empresa. Es por eso que, por su parte, mi corazón me dice que tengo una continuidad asegurada.

Sé que el barco en el navego, se está hundiendo y que quizá mis días estén contados, mientras confío ciegamente en que seguiré siendo parte del equipo el año que viene, y el que viene, y los que tengan que venir. Pero hay ocasiones en las que tiendo a pensar como mi amigo, que de un día para otro alguien decida prescindir de mi trabajo.

Y esto es completamente normal eh. Creo todo aquel que trabaja en la industria de la construcción (sobre todo los obreros y mandos medios), bien o mal, estamos acostumbrados a baile caótico de las obras —al menos aquí en México, nunca he laborado fuera de mi hermoso país—.

«La construcción es un vaivén. La construcción es dinámica. La construcción es un caos hermoso.»

Y sí, la rotación de personal es parte de nuestro día a día.

Las empresas suelen comprometerse por medio de contratos por obra determinada (incluso a veces solo de palabra, sin contratos físicos de por medio).

Y a pesar de lo riesgoso que es trabajar en una obra apalabrado con el patrón, muchos hemos aceptado estas condiciones de informalidad por necesidad.

Tratemos de ver a las empresas, contratistas, proveedores, gerencias y otros giros, como equipos de cualquier deporte; terminamos siendo competidores en el mercado de la construcción. Y a veces a las empresas les toca ganar y tener continuidad en los proyectos, pero también hay malas rachas.

Es por eso que los proyectos suelen juntar a cierto número de colaboradores durante 6, 12, 24 meses en promedio, que van desde ingenieros, arquitectos, administradores, contadores, abogados, etc., que saben que terminando el proyecto jamás en su vida van a volver a coincidir con los presentes ya que al final, muchos no tendrán la suerte de continuar.

De ahí el consejo de “nunca acabar mal con nadie” ya que nunca sabes cuando tu némesis del proyecto actual terminará entrevistándote para la siguiente chamba que quieras agarrar. Lo mismo aplica para las empresas. A nadie nos conviene quedar mal con nadie.

Quizá es un tema de suerte, o quizá haya personas que toman las decisiones tras bambalinas; asignando proyectos y recomendando conocidos a diestra y siniestra.

No quisiera caer en el error de generalizar, pero siempre habrá manera de poner la balanza a tu favor, aunque no dependa completamente de ti.

Y es que las personas que menos valor aportan al proyecto o a la empresa para la que trabajan, terminan tornándose desechables, o como decía mi amigo: se convierten en un número más; una pieza intercambiable del sistema laboral.

Mas lo anterior no es la regla.

A veces te toca y a veces no.

Como a él, que es de las personas que mejor se desenvuelven como líder en las obras y aún así le tocó ser despedido en su momento.

¿A qué voy? ¿Cuál es el punto? Igual y no podemos concluir mucho de este tema.

Pero mientras participemos en estos "juegos del calamar", estemos en el equipo que estemos, hay que ir aceptando que la construcción es un negocio en el que influyen infinidad de factores que son imposibles de controlar.

La certidumbre y estabilidad laboral son privilegios de los que pocos gozan en estos andares, la neta.

Quizá mi opinión esté sesgada y determinada por las situaciones que me ha tocado vivir a lo largo de más de 7 años trabajando como ingeniero civil en diferentes partes de México. No lo sé, el tiempo lo dirá.

Lo que sí puedo decirte es que, en todos estos años, me ha tocado quedarme sin chamba en dos ocasiones: la primera para pegarle al emprendedor (2018) y la segunda por pandemia (2019).

Si lo deseas, te contaré ambas en algún post futuro.

Mientras, por hoy, puedo comentarte que ya no me da tanto miedo quedarme sin trabajo una vez más, porque sé que no será por ineficiente o inepto.

Es más, si mañana mi jefe me despide, lo afrontaré como una nueva oportunidad para incorporarme a un nuevo navío y explorar mares cada vez más lejanos, con aguas misteriosas.

Barcos siempre habrá, para este joven pirata en busca de nuevos tesoros por descubrir.

¿Pero tú que piensas? ¿Estás buscando chamba? ¿Has estado en una situación similar? Te leo.


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